Desde que llegó el agua caliente a la casa de los expats decidí tomar un baño de tina a la semana. Discos lentos y melancólicos sonaban a todo watio en el baflecito que me vendió un gringo. Una fanta fría y el libro de Wole Soyinka al alcance de la mano. Lentamente me metía en el agua preguntándome cómo es posible que la gente pueda pasar una vida entera sin Mark Knopfler.
Dos semanas después uso la tina por lo menos 5 noches a la semana. Es necesario traer tres toallas grandes (una para el suelo, otra para secarme, y una para recostar la cabeza), una cola-cola y una fanta muy friás y una MiniTwix en estado de congelación. Emplazo el compu en la silla del escritorio convenientemente situada en la mitad del enorme baño, consigo el ángulo perfecto con la ayuda de un libro grueso (bien sabia yo que Ben Okri iba a servir de algo). Para garantizar largos baños dos extensiones atraviesan el cuarto diagonalmente y me conectan con el lejano estabilizador. Desde el agua tibia veo “The Constant Gardener” mientras la cabeza se llena de pensamientos profundos como: Si cae el computador en la tina me electrocuto?, Si fumara, este seria un buen momento para hacerlo. Cual será mi siguiente post?