En muchas ocasiones no entiendo la generación que me toco en suerte, muy especialmente en las salas de cine, escuchando las emisoras de radio y en su relación con el fútbol. Con los dos primeros temas no hay nada que hacer, me rindo, pero en el caso del fútbol tengo una teoría que me produce tranquilidad en tanto me ayuda a comprender: El equipo de fútbol en sociedades fragmentadas se convierte en el representante de un nivel de ingresos (Boca vs River) o de una identidad cultural (Barcelona vs. Real), la alegría de la victoria se debe a que no ha ganado un equipo cualquiera, ha ganado el equipo que representa mi nivel de ingresos o identidad cultural; ha ganado “mi gente!”. El partido se convierte en un espacio de reivindicación, y el estadio en un campo de batalla soñado por Marx y Huntington. Por mi parte, siempre me he sentido incomodo entre “mi gente”, no tengo nada y a nadie a quien reivindicar y por esa razón, no pierdo la cabeza con el fútbol... Io Capito tutto...
Pero no. Hay especimenes que escapan mi sistema de disección del homo fanaticus: aquellos recursivos seres que siguen un equipo de otra ciudad, y hasta de otro país. Qué puede unir a una persona de Bogotá con el Boca Juniors?, a alguien de Kioto con el Real Madrid?, a alguien de Port Harcourt con el Manchester United? Casi por venganza del destino estos seguidores pueden llegar a superar en fervor a los fanáticos nativos: entristecen cuando el equipo pierde, tienen la gorra y la camiseta y no las reservan para la privacidad del partido de fútbol; ellos las usan los domingos y se ponen el gorro aun sin sol. Como si esto no fuera prueba suficiente de su devoción o carencia de sentido estético, compran un uniforme diminuto de su equipo y lo cuelgan del espejo retrovisor del carro, tienen llaveros del equipo, y no pierden la oportunidad para llevar un pequeño sticker del escudo al trabajo. El fanático camina entonces por territorio kitch.
Hoy Manchester ganó dos cero al Chelsea. En Nigeria hombres y mujeres celebraban como no celebraron los franceses cuando se liberó Paris, esta gente saltaba, se abrazaba, manoteaba, Manchester!, Manchester!, Manchester! Hombres grandes, adultos, machos alfa que no se abrazarían en un funeral, ante el gol de Ronaldo se estrujaban y saltaban juntos gritando, casi llorando, estaban mas satisfechos que Sir Alex Ferguson, mas orgullosos que la mamá de Ronaldo, estaban mas felices que el mismísimo Ronaldo...rodeado de tanta histeria colectiva mi cara reflejaba mas sorpresa que alegría, qué puede representar el Manchester para todos ustedes? Porque el Manchester y no el Chelsea? Hasta el uniforme es parecido...
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