Sunday, June 7, 2009

P

El sábado regresaba del hospital con mi Ipod puesto, los expatriados a mi alrededor reían, contaban historias, el día había sido tranquilo, y hasta frío. Había llovido por la mañana. Enfrente mío, Larry, un keniano de dos metros, reía a carcajadas y yo me preguntaba cómo fue que llegué hasta aquí. Qué eventos llevaron a que me encuentre en este momento metido en un carro lleno de extranjeros riendo. Sonaba Nick Cave con su Far From Me.

Debe ser claro que el único culpable soy yo, mis decisiones son mis decisiones y de nadie mas, pero qué conjugación de eventos llevaron a que pudiera tomar estas decisiones. Si tuviera que seleccionar un momento sería aquella mañana de sábado en la clase de Yoga en el norte de Bogotá. El día que conocí a P. Ella era una mujer con una cara hermosa y un acento Argentino. No recuerdo muy bien como pasó pero empezamos a hablar. Luego me contó de su trabajo en África, en oriente medio, de su misión en Colombia. A los pocas semanas mis fines de semana habían sido totalmente transformados, expatriados de todas las nacionalidades empezaron a hacer parte de mi vida. P abandonó Colombia y fué reemplazada por M, francesa adorable y temperamental quien hacía su primera misión en Colombia. Hoy en día ha pasado también por Haití y Gaza.

La última vez que vi a P fue en NY, yo estaba en mi entrenamiento y ella trabajaba en las oficinas de esa ciudad. El reencuentro fue extraño pero memorable. Es difícil cuando ha pasado tanto tiempo. Me enseño su ciudad, sus bares y restaurantes preferidos. La ultima vez que visité esa ciudad, justamente antes de venir a Nigeria, fui, no sin algo de nostalgia, a su Café Gitane, caminé por la noche de Soho y el Greenwich Village. La vida neoyorquina de P me dio una de las imágenes mas bonitas que tengo grabadas en la memoria: Amanecía, y mirado por la ventana del taxi pasaba el puente Brooklyn y después todo Manhattan hasta la calle 77.

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